
Un robot, compuesto con partes de lujo y de tecnología avanzada, estaba destinado a la absorción de los males humanos.
Supuestamente carece de sentimientos y es perfecto para este trabajo, ya que al absorber males puros directamente de todos los humanos del mundo, tendría que sentirse miserable y enfermizo, pero “no el es un robot y no tiene corazón por lo tanto esa miseria enfermiza no la sentirá”. Estas fueron las palabras del los genios que inventaron a esta “maravillosa” maquina. Todos se equivocaban.
El robot se manejaba por sus propios medios, gracias a una tecnología de nano-chips. No necesitaba quien lo maneje, cuando veía trabajo lo realizaba con sus propias manos mecánicas, así lo programaron, por ende su comportamiento seria el mismo hasta el momento de su destrucción, pero no tomaron en cuenta el milagro de la vida, que por mas que sea artificial o mecánica, evoluciona y progresa, tanto para bien como para mal.
El contacto constante con los peores sentimientos humanos; ira, soledad, envidia, egoísmo, maldad, ambición; hizo que adquiera una mente perversa y calculadora.
El mal se volvió su fortaleza y desventaja. Nunca sintió compasión, ni amistad, solo dolor y sufrimiento.
Un complemento perfecto con el mal.
Dos semanas después de su escape hacia la rebelión, el mundo se hundió en un total caos. Sus servicios, faltantes, eran necesarios para mantener el orden, pero este no hacia mas que provocar muerte y destrucción a cada paso que daba.
Los humanos débiles por sentir por primera vez el miedo, tenias que valerse de si mismos y dejar de depender de algo para mantenerse en pie.
Cansados de la destrucción tomaron sus armas, que hasta el momento tenían de adorno, y fueron tras el malvado humanoide.
Dispararon repetidas veces, se organizaron una y otra vez. Perforaron el metal del robot perfectamente esculpido. El robot fue decayendo, asaltado de ira fue muriéndose en silencio. Sus ojos estaban del color del magma y provocaban al que los viera un vació muy profundo. Esto no sorprende. Dentro de ellos se podía ver, sentir, todos los males del mundo, ¿Quien no se sentiría vació viendo aquel horroroso espectáculo?
Al final, tendido en el suelo, solo sus ojos mostraban señal de vida. Titilaban, titilaban, titilaban, titilaban, titilaban, titilaban, titilaban, titilaban… titilaban… titilaban…. titilaban…….titilaban……….. y se apagaron, para siempre, su magma interior se perdió, en el vació que sus mismos ojos creaban, murió por culpa de los humanos, quienes nunca se hicieron cargo de sus propias desgracias y buscaron una “solución”.
Que provoco aun más dolor.
